
Como algunos de vosotros ya sabéis, este puente de mayo lo he pasado en Granada con unos amigos. Y debido a una serie de encadenados infortunios que no vienen al caso -entre ellos, mi inherente despiste-, perdí ayer el tren de regreso a Madrid. Pasado el susto inicial, y con la ayuda de la niña de mis ojos (¡qué haría yo sin ella!), conseguí un billete de autobús que salía una hora más tarde, y finalmente logré llegar a Madrid a horas intempestivas -intempestivas, al menos, para tener que ir a currar al día siguiente-. ¿Y por qué os cuento todo esto? Porque en el viaje de regreso tuve la ocasión de disfrutar del DVD de
Shooter -cortesía de Alsa-, thriller que hasta ahora no había tenido ocasión de ver y que me parecio muy entretenido (no hay mal que por bien no venga). No sé hasta qué punto mi juicio está nublado por la pesadez del viaje; reconozcamos que en medio de un tedioso y largo desplazamiento en autobús (cinco horas), cualquier filme con un mínimo de calidad podría llegar a parecernos una obra maestra. Hoy no es el caso, pero teniendo en cuenta que las dos horas que duró me hicieron el viaje mucho más ameno, como si lo fuera.
Shooter nos cuenta la historia de Bob Lee Swagger (al que da vida un correcto
Mark Wahlberg), un francotirador de élite del cuerpo de marines de los Estados Unidos retirado, al que el gobierno quiere volver a reclutar para tratar de evitar un atentado contra el presidente del país, del cual tienen fundamentadas sospechas que puede llegar a producirse en pocos días. Para ello, envía al veterano coronel Isaac Johnson (interpretado por el también veterano
Danny Glover), cuyas aptitudes dialécticas lograrán finalmente convencer al protagonista de la historia -normal, por otra parte, si no no habría película-. Cuando Swagger acepta la misión y decide poner sus habilidades y conocimientos al servicio del su país, las cosas acaban torciendose para él ante un inesperado -y letal- giro de los acontecimientos (giro que no desvelaré, porque no me gusta destripar las películas que comento como muchos ya sabéis; por cierto, reconozco que dicho giro me pilló por sorpresa). A partir de ahí, las prioridades cambian para Swagger y, como reza el eslogan de la película, deja de tratarse de una cuestión de honor para convertirse en una cuestión de justicia.