
Cuando uno se tira dos meses sin escribir -y no voy a justificar tal conducta, porque he tenido varios días de vacaciones que no he aprovechado únicamente por falta de ganas-, al volver debería hacerlo con algo que, como poco, levante algo de polémica, por aquello de recuperar el tiempo perdido...y los lectores. Y no digo que la crítica que voy a escribir la haya hecho siguiendo esa premisa -sería un poco ridículo-, pero la sensación que la película me ha transmitido se ajusta bastante a ella.
Me explico.
Todos lo sabíamos. O, mejor dicho, lo imaginábamos. Que
James Cameron es un director meticuloso, infalible y de gran talento. Que sabe lo que se hace, y que cuida mucho lo que hace. Así, no era descabellado pensar que su último filme,
Avatar, fuera como poco a arrasar en taquilla y, probablemente, a suponer un antes y un después en el mundo del cine. Y es que
Avatar es, al menos, visualmente increíble. Un resultado 3D en pantalla no visto nunca antes que exhibe un apartado artístico brillante. Unos decorados y unas criaturas que desbordan imaginación y expresividad, y un mundo -Pandora- que emana vida propia. Una colorista y espectacular fábula de ciencia ficción que amenaza con convertirse en la nueva
Guerra de las Galaxias.
Ahora bien...
Una vez superada la puesta en escena -e insisto, esta película hay que verla en 3D, que es donde realmente despunta y adquiere personalidad propia-, el conjunto entero se desinfla y la historia no engancha. Su lento desarrollo, la predictibilidad y falta de originalidad de su argumento, y la alarmante falta de carisma de
Sam Worthington, su protagonista -al que, reconozco, ya enfilé en
Terminator: Salvation-, convierten a
Avatar en una "película globo". Lo pinchas y solo sale aire.
Y ya está. Podría tirarme varios párrafos más reflexionando sobre el merecido (o inmerecido, según se mire) éxito de la película en taquilla, la falta de virtuosismo de su guión que, a pesar de todo, va a lograr tener segunda y tercera parte; sobre el excesivo metraje del filme -del cual salvaría la entretenida media hora de batalla del final-, o incluso sobre el meritorio trabajo de los técnicos en efectos digitales -si alguien se quedó a los títulos de crédito, se daría cuenta que parecían sacados de un videojuego más que de una película- que han logrado un producto redondo... técnicamente hablando.
Pero... ¿para qué?
Mi puntuación en IMDB: 8 (diablos, aunque solo sea por lo que ha conseguido hacer con el 3D, se lo merece. Como siempre, vuestros comentarios a favor o en contra son bienvenidos.)